domingo, 11 de mayo de 2008

Visión chilena de Evo Morales

Evo Morales en Chile es visto como un líder populista, primer presidente boliviano de origen indígena, que busca llegar al pueblo con un tema de primera importancia, los indígenas Bolivianos, quienes han sido desplazados y humillados a lo largo de la historia, principalmente desde la época colonial, despertando en ellos necesidades de superación, para recibir su apoyo y conseguir cambios en el gobierno.
Presidente "Socialista" con gran capacidad de negociación sin perder su identidad, respecto a temas de interés nacional como la salida al mar, que busca persuadir a través de su personalidad sencilla y con la virtud de ser un buen orador, logrando movilizar a su pueblo a través de la proyección de Bolivia con una mejor calidad de vida.

sábado, 3 de mayo de 2008

Cuba

Revolución Cubana

A partir de 1959 convirtió a Cuba en un país socialista liderado por Fidel Castro, si bien, por extensión, también se considera como tal al conjunto de radicales transformaciones que el gobierno de aquél provocó desde entonces en la isla.

Triunfo de la Revolución Cubana contra Batista

El golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, que derribó a Carlos Prío Socarrás (1948-1952) e impuso la dictadura de Fulgencio Batista, fue el germen sobre el que habría de tener lugar la Revolución Cubana. A partir de estos acontecimientos, el descontento del pueblo cubano fue en aumento y no concluyó hasta el triunfo definitivo de los revolucionarios. El 26 de julio de 1953, con el asalto al cuartel de Moncada, comenzó la insurrección contra la dictadura de Batista. El ataque, dirigido por Fidel Castro al mando de unos 200 hombres, fracasó y su jefe fue condenado a 15 años de prisión en la isla de Pinos (renombrada en 1978 como isla de la Juventud). Amnistiado en 1955, Castro se exilió en México, creó el Movimiento 26 de Julio, reorganizó a los insurgentes y entró en contacto con el revolucionario argentino Ernesto Che Guevara.
En diciembre de 1956, a bordo del yate Granma, Castro desembarcó en la playa de las Coloradas, situada en la ensenada del Turquino (en el extremo suroriental de Cuba), y se adentró en sierra Maestra. Allí recibió el apoyo de buena parte del campesinado y comenzó una guerra contra el gobierno que duró dos años. La isla estaba, en este periodo, completamente entregada al capitalismo estadounidense, que controlaba el 90% de las minas y de las haciendas, el 40% de la industria azucarera, el 80% de los servicios públicos y el 50% de los ferrocarriles y de la industria petrolera.
A fines de 1958, la guerrilla asentada en su base principal de sierra Maestra, así como el denominado II Frente Oriental, había acabado prácticamente con la resistencia del Ejército de Batista. El 8 de enero de 1959, Castro entró en La Habana, de donde ya había huido el dictador Batista a Santo Domingo, y se designó presidente a Manuel Urrutia Lleó, aunque el poder efectivo estaba en manos del principal dirigente revolucionario, que pronto se convirtió en primer ministro. En julio de 1959, Urrutia, descontento por la negativa de Castro a celebrar elecciones, fue sustituido por Oswaldo Dorticós. El nuevo gobierno adoptó medidas radicales: Ley de Reforma Agraria, que entregaba la tierra a los campesinos, creación de un Ejército nacional y alfabetización de la población.

La implementación de un Estado Comunista

En 1961, fracasó el desembarco de bahía de Cochinos, un intento de invasión de la isla organizado por la agencia estadounidense CIA, y Cuba pasó a convertirse progresivamente en un Estado socialista cada vez más vinculado con la otra superpotencia: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). En 1962, los soviéticos instalaron rampas de misiles en la isla, las cuales, ante el bloqueo dictado por el presidente John Fitzgerald Kennedy, fueron finalmente desmanteladas, resolviéndose de este modo la gravísima vicisitud internacional planteada entre Estados Unidos y la URSS que pasó a ser conocida como crisis de los misiles. En 1965, en sustitución del Partido Unido de la Revolución Socialista, se constituyó el Partido Comunista de Cuba, de carácter marxista-leninista, con Castro como secretario general. Como cabeza de la revolución comunista en el Tercer Mundo, Cuba intervino militarmente en diferentes conflictos: Angola, Congo, Guinea-Bissau, Somalia, Etiopía, Mozambique y Yemen del Norte.
Desde diciembre de 1991, y aun desde algunos años antes, la disolución del principal valedor y apoyo internacional del régimen cubano, la URSS, agravó los problemas socioeconómicos de la isla, lo que no impidió que la aplicación de los principios marxistas-leninistas de Castro (quien, desde 1976, no sólo encabezaba el gobierno, sino la misma jefatura del Estado), así como su decidida política exterior de signo antiimperialista (entendida ésta como un claro enfrentamiento ante las decisiones boicoteadoras estadounidenses), fuera el comportamiento habitual del gobierno de Cuba.

Comunismo Soviético - Comunismo Chino

En el comunismo soviético, por primera vez, se intenta montar en un sistema en el que todas las decisiones económicas sean planificadas por el estado. A mediados de los años treinta Stalin anuncia haberlo conseguido. Toda la propiedad privada sobre medios de producción ha desaparecido. La tierra y las fábricas, el comercio, la construcción, todos los medios de transporte, comunicación e información son propiedad y están controlados por el aparato del estado. Todos los ciudadanos trabajan en los puestos que les ha asignado el gobierno; todos los bienes y servicios que adquieren o reciben son proporcionados por el estado. En los demás países comunistas -China, Europa oriental, sudeste asiático, Cuba- no se alcanza ese grado, pero el gasto del estado representa en todos los casos más del 95% de la renta.

En el balance del sistema comunista se pueden apuntar impresionantes logros económicos. Todos los ciudadanos de esos países tienen acceso a la educación elemental, la sanidad y la alimentación básica, incluyendo los habitantes de las regiones menos desarrolladas. Algunos campos del conocimiento y la tecnología avanzan notablemente. En cambio en otros campos, como la informática, el retraso es notable. Los mayores problemas que se plantean son sociales. Al no haber estímulos económicos, la productividad laboral se resiente. La solución teórica consistía en la creación de un "hombre nuevo" en el que desaparecido el egoísmo, trabajaría por razones de solidaridad. En la realidad el poder tiene que ejercer un control férreo y muy represivo para mantener el funcionamiento del sistema. Las libertades individuales desaparecen completamente. El muro de Berlín, construido para evitar que los ciudadanos huyan del sistema se convierte en un símbolo evidente del fracaso social.

Tras la muerte de Stalin, en los años cincuenta y sesenta, hay varios intentos de reforma y liberalización tanto promovidos desde el poder como por intelectuales o grupos ciudadanos. Todos acaban en fracaso. En los años ochenta la economía comunista está también en crisis. Los ciudadanos han perdido el respeto por las autoridades y las leyes; el gravísimo accidente de la central nuclear de Chernobil pone en evidencia que los reglamentos y las normas no se cumplen. Los planes quinquenales fracasan. Los estantes de los comercios carecen de productos básicos. No se importa prácticamente nada del exterior y los países comunistas representan menos del 5% del comercio internacional. La capacidad productiva de USA, Europa y Japón es abrumadoramente superior.
Para 1965 se podía decir que la URSS y China se hallaban en un estado de franca hostilidad, que tuvo su punto álgido en forma de enfrentamientos armados en la frontera común. Una ideología compartida, la marxista-leninista y un objetivo común, la revolución mundial y la lucha contra el imperialismo occidental, no fue suficiente armazón para superar la rivalidad entre las dos naciones.

Finalmente el sistema reconoce su fracaso y se desmorona casi instantáneamente en torno a 1990. Todos los países comunistas han iniciado un proceso de transición más o menos rápido hacia el sistema capitalista. Las economías en transición han planteado nuevos problemas a la teoría económica. Con poco o nada de apoyo del FMI y los países occidentales, algunos países ex-comunistas han conseguido una transición y recuperación rápida, mientras que otros, como Bielorusia, siguen manteniendo intactas las viejas instituciones soviéticas y siguen hundidos en una grave depresión económica. China, que había iniciado unas lentas reformas con anterioridad, está consiguiendo impresionantes tasas de crecimiento económico sostenidas durante tres décadas.

La rivalidad entre la República Popular China, proclamada en 1949 tras la victoria de los comunistas, y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), considerada desde antes incluso de su fundación la patria del comunismo, se manifestó de forma incontestable cuando en 1959 la URSS negó ayuda a China para el desarrollo del poderío nuclear de esta última. La pugna entre ambos estados estaba motivada en su origen por la larga frontera común cuyos límites no habían quedado aclarados. La situación empeoró en 1960 con la retirada soviética de su ayuda económica y de su asesoramiento técnico. Al tiempo que la URSS avanzaba hacia una coexistencia pacífica con Occidente que atenuara la Guerra fría, surgieron diferencias ideológicas entre las dos potencias comunistas hegemónicas. Su alianza se fue deteriorando con rapidez a comienzos de la década de 1960, y en 1962 China condenó abiertamente a la URSS por retirar sus misiles de Cuba ante las presiones de Estados Unidos, manteniendo que la revolución era el único medio para poder lograr el objetivo máximo del comunismo: poner fin al capitalismo. En particular, los líderes chinos acusaron al dirigente soviético Nikita S. Jruschov de traicionar la ideología marxista-leninista. Como resultado de ello, la URSS cortó totalmente su financiación al desarrollo económico de China. Los chinos comenzaron a competir abiertamente con la URSS por la jefatura del bloque comunista y por la influencia sobre los nuevos estados surgidos de la descolonización tanto en Asia como en África. Al crecer en intensidad, el conflicto amenazó incluso con acabar en guerra entre los dos países.