sábado, 3 de mayo de 2008

Comunismo Soviético - Comunismo Chino

En el comunismo soviético, por primera vez, se intenta montar en un sistema en el que todas las decisiones económicas sean planificadas por el estado. A mediados de los años treinta Stalin anuncia haberlo conseguido. Toda la propiedad privada sobre medios de producción ha desaparecido. La tierra y las fábricas, el comercio, la construcción, todos los medios de transporte, comunicación e información son propiedad y están controlados por el aparato del estado. Todos los ciudadanos trabajan en los puestos que les ha asignado el gobierno; todos los bienes y servicios que adquieren o reciben son proporcionados por el estado. En los demás países comunistas -China, Europa oriental, sudeste asiático, Cuba- no se alcanza ese grado, pero el gasto del estado representa en todos los casos más del 95% de la renta.

En el balance del sistema comunista se pueden apuntar impresionantes logros económicos. Todos los ciudadanos de esos países tienen acceso a la educación elemental, la sanidad y la alimentación básica, incluyendo los habitantes de las regiones menos desarrolladas. Algunos campos del conocimiento y la tecnología avanzan notablemente. En cambio en otros campos, como la informática, el retraso es notable. Los mayores problemas que se plantean son sociales. Al no haber estímulos económicos, la productividad laboral se resiente. La solución teórica consistía en la creación de un "hombre nuevo" en el que desaparecido el egoísmo, trabajaría por razones de solidaridad. En la realidad el poder tiene que ejercer un control férreo y muy represivo para mantener el funcionamiento del sistema. Las libertades individuales desaparecen completamente. El muro de Berlín, construido para evitar que los ciudadanos huyan del sistema se convierte en un símbolo evidente del fracaso social.

Tras la muerte de Stalin, en los años cincuenta y sesenta, hay varios intentos de reforma y liberalización tanto promovidos desde el poder como por intelectuales o grupos ciudadanos. Todos acaban en fracaso. En los años ochenta la economía comunista está también en crisis. Los ciudadanos han perdido el respeto por las autoridades y las leyes; el gravísimo accidente de la central nuclear de Chernobil pone en evidencia que los reglamentos y las normas no se cumplen. Los planes quinquenales fracasan. Los estantes de los comercios carecen de productos básicos. No se importa prácticamente nada del exterior y los países comunistas representan menos del 5% del comercio internacional. La capacidad productiva de USA, Europa y Japón es abrumadoramente superior.
Para 1965 se podía decir que la URSS y China se hallaban en un estado de franca hostilidad, que tuvo su punto álgido en forma de enfrentamientos armados en la frontera común. Una ideología compartida, la marxista-leninista y un objetivo común, la revolución mundial y la lucha contra el imperialismo occidental, no fue suficiente armazón para superar la rivalidad entre las dos naciones.

Finalmente el sistema reconoce su fracaso y se desmorona casi instantáneamente en torno a 1990. Todos los países comunistas han iniciado un proceso de transición más o menos rápido hacia el sistema capitalista. Las economías en transición han planteado nuevos problemas a la teoría económica. Con poco o nada de apoyo del FMI y los países occidentales, algunos países ex-comunistas han conseguido una transición y recuperación rápida, mientras que otros, como Bielorusia, siguen manteniendo intactas las viejas instituciones soviéticas y siguen hundidos en una grave depresión económica. China, que había iniciado unas lentas reformas con anterioridad, está consiguiendo impresionantes tasas de crecimiento económico sostenidas durante tres décadas.

La rivalidad entre la República Popular China, proclamada en 1949 tras la victoria de los comunistas, y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), considerada desde antes incluso de su fundación la patria del comunismo, se manifestó de forma incontestable cuando en 1959 la URSS negó ayuda a China para el desarrollo del poderío nuclear de esta última. La pugna entre ambos estados estaba motivada en su origen por la larga frontera común cuyos límites no habían quedado aclarados. La situación empeoró en 1960 con la retirada soviética de su ayuda económica y de su asesoramiento técnico. Al tiempo que la URSS avanzaba hacia una coexistencia pacífica con Occidente que atenuara la Guerra fría, surgieron diferencias ideológicas entre las dos potencias comunistas hegemónicas. Su alianza se fue deteriorando con rapidez a comienzos de la década de 1960, y en 1962 China condenó abiertamente a la URSS por retirar sus misiles de Cuba ante las presiones de Estados Unidos, manteniendo que la revolución era el único medio para poder lograr el objetivo máximo del comunismo: poner fin al capitalismo. En particular, los líderes chinos acusaron al dirigente soviético Nikita S. Jruschov de traicionar la ideología marxista-leninista. Como resultado de ello, la URSS cortó totalmente su financiación al desarrollo económico de China. Los chinos comenzaron a competir abiertamente con la URSS por la jefatura del bloque comunista y por la influencia sobre los nuevos estados surgidos de la descolonización tanto en Asia como en África. Al crecer en intensidad, el conflicto amenazó incluso con acabar en guerra entre los dos países.

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